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Educar en calma
Coruña British International School

Vivimos en la sociedad de la inmediatez, de las prisas, de lo rápido. Vivimos por y para llegar al destino, pero parece que nos hemos olvidado de que disfrutar del camino es lo que debería primar. En una actualidad demasiado ‘rápida’ surge, como alternativa, la ‘slow education’ o ‘educación en calma’; un concepto educativo que pretende devolver a nuestros hijos las ventajas de olvidarse de la meta y disfrutar del camino.

Educación en calma para la era de las prisas

El maestro Gianfranco Zavalloni, autor del libro ‘La pedagogía del caracol. Por una escuela lenta y no violenta’ define la educación lenta como «una propuesta educativa donde se proponen estrategias didácticas para la ralentización, que de forma metafórica llamamos pedagogía del caracol».

Y, ¿por qué nombramos a la educación lenta? Porque de ella depende, en gran medida, la educación en calma que llevamos a cabo en Coruña British International School y que debería seguir presente en todos los hogares. Y es que, educar en calma pasa porque las familias sean conscientes de que están dotando de las herramientas suficientes para vivir en el mundo a una personita que por sí sola no podría conseguirla. Y, para hacerlo de manera correcta, deberían tener en cuenta que las prisas son el mayor enemigo.

¿Cómo educar en calma?

La educación en calma está ínfimamente relacionada, igualmente, con la Educación en Positivo: un método de educación que aporta técnicas para que los adultos se involucren en la educación de los niños ayudándoles a aprender habilidades sociales y de vida de manera respetuosa y alentadora para ellos y para los nosotros. La educación en calma, al igual que la Disciplina Positiva, enseña a los adultos a utilizar la amabilidad y la firmeza al mismo tiempo. Aboga, sobre todo, por una educación libre de castigos, de gritos, de amenazas o de límites demasiado rígidos. En su lugar, aporta las herramientas para que los padres sepan cómo establecer unos lazos de respeto mutuo con su hijo sin acudir a ninguna de esas herramientas negativas para su desarrollo.

Es primordial, para saber educar en la calma, que los adultos estén en calma y paz consigo mismos y con su alrededor. De poco o nada nos sirve intentar transmitir una paz a nuestros hijos que ellos no ven en nosotros. Los niños solo se sentirán contrariados.

Además, es de vital importancia entender que los gritos y los castigos en casa han de pasar a mejor vida. «Los gritos y los castigos pueden conseguir que, momentáneamente, tus hijos te hagan caso pero no producen cambio duraderos en el comportamiento de los niños; por eso, los padres que gritan y castigan tienen la sensación de que tienen que repetir las cosas una y otra vez», afirma el neuropsicólogo Álvaro Bilbao en su página web. De hecho, el mismo dice que de funcionar, los niños a los que más se grita y castiga serían los que mejor comportamiento tuvieran y esto no suele cumplirse.

De la mano de la anterior explicación podemos encontrar la de que los niños necesitan entender por qué les estamos corrigiendo. Si les espetamos un ‘¡no pintes la pared!’, con gritos, dejará de hacerlo porque le asustaremos y no querrán hacernos sentir mal, pero no estarán entendiendo por qué no han de hacerlo, más allá de eso. Sin embargo, si nos agachamos a su altura y les explicamos, en un lenguaje adaptado a su edad y con calma, que las paredes se ensucian y luego cuesta mucho sacar la pintura de ellas, quizás no vuelvan a hacerlo nunca más.

En la educación en calma se escucha mucho la expresión ‘validar emociones’. ¿Qué significa esto? «Validar emociones es permitir y aceptar la emoción que está sintiendo el otro o nosotros mismos. Sin hacer juicios de valor, sin intentar reprimirlas», afirma Isabel Cuesta, certificada en Disciplina Positiva. Para conseguir validar las emociones de nuestros hijos, algo que a su juicio hacemos muy poco, hay que eliminar del vocabulario expresiones como:

-          No llores

-          No pasa nada

-          ¿Y estás triste por esa tontería?

-          No te enfades

-          No tengas miedo

-          No te pongas así que no es para tanto

Para validar las emociones, Isabel afirma que lo único que hay que hacer es ponerse en el lugar de los niños y entender qué significa para ellos eso que está pasando.

El tiempo de calidad, clave de la educación en calma

Para poder seguir los consejos anteriormente nombrados, es necesario el tiempo de calidad. E, irónicamente, este tiempo de calidad es inversamente proporcional a las prisas que caracterizan nuestro día a día.

Cuando hablamos de pasar tiempo de calidad con nuestros hijos no nos referimos a estar 15 horas al día a su lado, mientras nosotros teletrabajamos, vemos la televisión o consultamos las redes sociales. Significa estar el tiempo que podamos, alejados de cualquier distracción externa que nos impida disfrutar de nuestro peque: contar cuentos, practicar la escucha activa con ellos (prestando atención a eso tan importante que tienen que contarnos), jugar con ellos, realizar manualidades juntos o, en definitiva, desempeñando cualquier actividad que implique que toda nuestra atención esté puesta en la educación y la vida de nuestro hijo.